El trasnoche de las 2:00 am me empujo a las 3:30 pm del 20 de noviembre a la experiencia religiosa de una siesta dominical goteando pensamientos alrededor de la devuelta llamada de mi sobrina Vanessa, pero no podía hacer más que dejarme guiar del sueño mientras goteaban la incipiente arrulladoras y encantadoras…ahí estaban paridas de su madre lluvia; la combinación perfecta para ir de pesca onírica en los brazos Morfeo en una cita que en los últimos días y desde el gran diluvio del día 4, como el maná se hacía presente a diario.
¿Qué mejor que una lluvia o hasta una lloviznita para este cuerpo ñoño acreditado y con carnet disfrutara de una siesta en domingo?
Y ¡!!fua!!!, Ahí está!!!
O mejor dicho, no está. Se fue la luz. Eso mismo el servicio eléctrico se sintió celoso de la lluvia, la envidia le carcomió su sentido existencial, emulando a los malos funcionarios públicos que en vez de cumplir con el privilegio que le dan el favor de sus atribuciones le roban la paz publica y roban hasta lo indecible. Lo que le quiero decir que en medio de esta tarde recordaba a Vanessa.
Su primer compromiso conmigo fue a la edad de un año, nueve meses y diez días, tranquilos, que teníamos el aval de sus padres. Estaba comprometida a llegar y llevar los anillos en nuestras bodas. Y mi novia Carmen Luisa y yo, mas que comprometidos nos retamos a llegar temprano a la Iglesia.
No puedo dejar de mencionar lo entusiasmado que estaba en montar las pintura y carteles a especie de tarjeta gigante de invitación de bodas que mis compañeros del Taller 79 me habían hecho, me habían tomado mucho tiempo colocarlas en casa de tía Fe, donde seria la recepción nupcial, pero esto no evito que al ser llevado a mi casa, gracias a Carlos a las 7:15 pm, me dispusiera a bañarme, aféitame la barba de moda y ponerme el smoking en tiempo récord; claro que Papá y Mamá estaban listos y esperándome, el punto es que; ahí vamos, Ortega y Gasset para abajo en el cepillo (VW) y Papá manejando.
Doblando por la Fantino Falco, que pensaba entre llegar a tiempo y que pudiera llamarse Paseo de los Doctores por eso de que en la acera de la derecha y en línea habían adquirido sus casas las familias de los doctores Ángel Chan Aquino, Armando González Tamayo, Antonio Raposo, Luis Cuello Mainardi, Agustín Rojas Cerda; cuando vi la station wagon de Don Rafael doblar a la izquierda llevando a la novia, mire el reloj a las 7:55 pm y pensé que solo nos había ganado el padre Amancio Escapa.
Llegado casi todos los miembros del cortejo nupcial ¿adivinen quien faltaba?
Me cuenta Justina, secretaria de la oficina de arquitecto en que trabajaba que cuando llego con Víctor su esposo a la iglesia se confundió al ver la apariencia que de espalda y tan lozana había dejado mi desaparecida barba que ya se iban y al escuchar: “Joaquin Enrique acepta…” se devolvieron y se sentaron.
El amoroso cuidado del pastor Pedro Piñeiro, revestido de humildad y comprensión ante la elección de sus dos nuevas ovejitas de celebrar sus bodas en la iglesia católica San Judas Tadeo en vez de la iglesia evangélica Buenas Nuevas, graficaban el embrión de nuestra nueva fe cristiana y recalcaban la vocación de nuestro nuevo líder sentado en la última fila y lo más cerca de la puerta de este templo.
Anotar las implicaciones de esta decisión serian mas larga que la explicación de porque Vanessa llego tarde, ni tampoco tengo ganas. Y mejor es que por ahora y siempre solo les echemos la culpa a sus progenitores; que la formación militar de Capitán de Navío del padre y la anegada vocación multípara de la madre no les fueron suficiente para ser puntuales.
Retomando, el paseo de retorno a la salida de la pareja que ya había cambiado su estado civil, todo eran expresiones de alegría y satisfacción; las emociones del esposo se colmaron al recibir las felicitaciones de su madrina y tía Elsa y sus lágrimas de regocijo y como en consuelo se contuvieron al aceptar ser amablemente conducidos a la recepción por un matrimonio, abochornados quizás, no por el viento muy caliente que sopla en verano; comprometidos talvez, en superar un fallo reciente, digo que felizmente nos llevaron en un flamante vehículo de placa oficial que empezaba con M. de G.

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