Asamblea de un coro bullicioso de gorriones
Alberto Cortez
Nuestras laboriosas neuronas como bordadoras de luz traían a plenitud embriones
de aspiraciones.
-creo seré pelotero.
-Y yo seré arquitecto.
-Yo me voy pa Nuebayol.
-¡Y que vaina con ustedes, haciendo planes pendejos, pero eh que ninguno ve lo que
hace este maldito gobierno?
-Madeline está desarrollando y buena que se está poniendo; mejor vete tu con tu
vaina, que yo no soy pacoredo.
Recordemos la zanja abierta para el acueducto de 42” y la batalla del caliche con
piedras sedimentarias que Peñita y su cuasi hermano Guillermo Peña Frómeta; era
noche de pleito, lágrimas de rechazo intrafamiliar, enojo impulsador de pedradas
fallidas en la diana de la perturbada vecindad.
O recordar al borracho Casilla con su orgulloso cuento que en tiempos de Trujillo lo
mando de puesto a sitio que retoza en mi memoria, allá dejo a dos mujeres
preñadas. Sin dudas un orgulloso pollito de Trujillo.
O que con la provocadora exclamación de Bonilla el loco, capaz de conmover en
“estupor y celos” a cualquier fémina, de sonrisa cómplice a cualquier hombre;
tomando ambos casos en su contexto y con el debido respeto, su piropo-
declaración:
¡La virgen de la Altagracia era una hembraaa!
Lo triste de Vidal con su título real de Colon con leva, que además de feo era
maricón y no le llegaba a compensar haber sido la supuesta niñera de la niña
Cucha.
Son las cinco de la tarde y el panadero Echavarría de la Panadería La Altagracia de
Don Paco, si, la de la Montecristi casi esquina Gerónimo de Peña viene con su pito
y los golpes sobre la caja abovedada de hojalata azul claro y sobre tres patas aro 29,
caballo de batalla que él llama triciclo.
Los huacales de refrescos que el moreno del camión de Coca-Cola le vendía a Doña
Julia a $3.85, no recuerdo si con o sin botellas.
Si llega la noche dejaremos el murito para jugar a la Mangulina, a La Latica o al
Topao mostrando habilidades a las muchachas que como en ritual se sentarán a
vernos sin mirarnos y mirarnos sin admirarnos, solo para callar sus conclusiones
que 50 o 60 años se volverán inocuas confesiones vario pintas:
-Pero tus eras el más buenmozo.
- ¿Pero porque Luisito nunca me dijo nada?
Dirá Maite.
Solo mostrar estas dos versiones para que el esplendor de estas cristalinas palabras
nos convenza de la hermosura de lo que pudo ser y no fue, nos trae una inefable
sonriente satisfacción obvia.
O astutamente las muchachas mostrarían su madurez emocional con respaldo
cognitivo conductual con esos paseítos en pareja, que aproximo era la pasarela en
que nos modelaban desde la casa de Doña Hilda Salado Vda. Gómez, casa numero
8 a, más o menos la casa de Doña Esperanza del Castillo, casa 24.
Al final de estas sutilezas que unos hipócritas tildaran de cursiles y otros
intelectualoides serios de hallazgos arqueológicos; lo más importante es saber
quiénes después de haber sudado tanto, sabiendo que el muro de las
confabulaciones estará ahí mañana, quienes se irán sin bañar a la cama.
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