lunes, 21 de noviembre de 2022

Muro de las confabulaciones





                                            Asamblea de un coro bullicioso de gorriones

Alberto Cortez



Nuestras laboriosas neuronas como bordadoras de luz traían a plenitud embriones

de aspiraciones.

-creo seré pelotero.

-Y yo seré arquitecto.

-Yo me voy pa Nuebayol.

-¡Y que vaina con ustedes, haciendo planes pendejos, pero eh que ninguno ve lo que

hace este maldito gobierno?

-Madeline está desarrollando y buena que se está poniendo; mejor vete tu con tu

vaina, que yo no soy pacoredo.

Recordemos la zanja abierta para el acueducto de 42” y la batalla del caliche con

piedras sedimentarias que Peñita y su cuasi hermano Guillermo Peña Frómeta; era

noche de pleito, lágrimas de rechazo intrafamiliar, enojo impulsador de pedradas

fallidas en la diana de la perturbada vecindad.

O recordar al borracho Casilla con su orgulloso cuento que en tiempos de Trujillo lo

mando de puesto a sitio que retoza en mi memoria, allá dejo a dos mujeres

preñadas. Sin dudas un orgulloso pollito de Trujillo.

O que con la provocadora exclamación de Bonilla el loco, capaz de conmover en

“estupor y celos” a cualquier fémina, de sonrisa cómplice a cualquier hombre;

tomando ambos casos en su contexto y con el debido respeto, su piropo-

declaración:

¡La virgen de la Altagracia era una hembraaa!


Lo triste de Vidal con su título real de Colon con leva, que además de feo era

maricón y no le llegaba a compensar haber sido la supuesta niñera de la niña

Cucha.

Son las cinco de la tarde y el panadero Echavarría de la Panadería La Altagracia de

Don Paco, si, la de la Montecristi casi esquina Gerónimo de Peña viene con su pito

y los golpes sobre la caja abovedada de hojalata azul claro y sobre tres patas aro 29,

caballo de batalla que él llama triciclo.

Los huacales de refrescos que el moreno del camión de Coca-Cola le vendía a Doña

Julia a $3.85, no recuerdo si con o sin botellas.

Si llega la noche dejaremos el murito para jugar a la Mangulina, a La Latica o al

Topao mostrando habilidades a las muchachas que como en ritual se sentarán a

vernos sin mirarnos y mirarnos sin admirarnos, solo para callar sus conclusiones

que 50 o 60 años se volverán inocuas confesiones vario pintas:

-Pero tus eras el más buenmozo.

- ¿Pero porque Luisito nunca me dijo nada?

Dirá Maite.

Solo mostrar estas dos versiones para que el esplendor de estas cristalinas palabras

nos convenza de la hermosura de lo que pudo ser y no fue, nos trae una inefable

sonriente satisfacción obvia.

O astutamente las muchachas mostrarían su madurez emocional con respaldo

cognitivo conductual con esos paseítos en pareja, que aproximo era la pasarela en

que nos modelaban desde la casa de Doña Hilda Salado Vda. Gómez, casa numero

8 a, más o menos la casa de Doña Esperanza del Castillo, casa 24.

Al final de estas sutilezas que unos hipócritas tildaran de cursiles y otros

intelectualoides serios de hallazgos arqueológicos; lo más importante es saber

quiénes después de haber sudado tanto, sabiendo que el muro de las

confabulaciones estará ahí mañana, quienes se irán sin bañar a la cama.

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